... siento calidez. Te siento aquí, y un escalofrío me recorre el cuerpo, y el alma.
Pensaba publicar lo mucho que te deseo, lo que pienso en ti, lo que me gustas, lo que me excitas... cantar a voces mi euforia... pero he pensado que si así lo hiciera, no sería especial: no sería exclusivo y perdería intimidad. Las cosas más bellas me las reservo para ti, mis sentimientos más hondos no se arriesgan a un juicio público -aunque no me importe-, sino que te los regalo a ti. Los comparto contigo, te los confío aunque tiemblo, de emoción, de ganas de recoger los tuyos y abrazarlos, de jugar a "los cromos" con ellos. "Te cambio un cariño por una cariciaaa" -se canturrea como críos-... Y así, cada momento.
El columpio de casualidades, como me gusta llamarlo. Columpio porque oscila, porque se reúnen dos en uno (tú y yo, en sentido pleno), de casualidades porque no se entiende de ningun manera sino con la suerte de nuestro encuentro.
Decía Sabina que el destino juega bromas macabras... ¡Pues viva lo macabro! Ahora cierro los ojos, respiro hondo, te huelo, te recuerdo... no te recuerdo: te siento.
Y unido a esta mezcla sentimental, el deseo como trasfondo... el erotismo, mis ganas de ti, de tu piel, de tu entrega, de la lascivia, de mezclar fluidos, de unirnos rítmicamente, y que la música no cese. Porque el jadeo, los suspiros, los gemidos no son sino la música de los cuerpos que se tocan con maestría.. Siempre afinados y dispuestos.
Dispuestos a amarse, en cuerpo y con alma... o con cuerpo y en alma... no sabría definirlo. Un roce más allá de lo material, ¡pero tan lleno de placer! Una caricia de sentidos, de los 5, los 6 o los 7... Haría el amor siempre, en cada momento su vertiente... cuerpo o mente, corazón...
Ese es el placer de amarte: que yo te quiero, que mi corazón late, que mi alma se expande, que mi cuerpo te busca, que mi mente te entiende... que Yo Te Quiero.
Atentamente...